27.12.06

Salimos de casa y cogemos el primer taxi

Salimos de casa y cogemos el primer taxi que pasa por la calle Aragón esquina Cartagena, que siempre es un peligro. Sin plan, con el mismo plan de ir y ver que pasa.
Puertas abiertas a la misma ciudad sobre la que cae el cielo, para seguir como un día cualquiera, las calles mojadas, y esperando que te acuestes a mi lado. No me puedo asomar a mi ventana porqué es triste y gris, por ella entra el sol, pero nada más.
El taxista pregunta el destino y yo le indico que vamos a la calle Aribau 81, esquina con Mallorca, al nuevo local de chicas para hacer la primera copa "Dejavu", de una de las concursantes de Gran Hermano, que por cierto nunca hace acto de presencia.
Queriendo hacer una gracia le digo al taxista comienza un intenso diálogo:
- ¿Dónde se dirigen ustedes?- pregunta el taxista.
- A la calle Aribau con Mallorca, contesto estupefacta por la respetuosa forma en segunda persona con la que nos trata el caballero.
- Sí al fondo a la derecha, como los lavabos, añado queriendo hacer un chiste fácil y provocar un despertar de una sensación de complicidad hacia el gentil chofer.
- En ésta vida sólo vale lo que está a la derecha - contesta seguro el taxista - hasta los ceros, solo sirven a la derecha, porqué a la izquierda no son nada de nada. Incluso en la política sólo sirven los de la derecha.- remata él todo decidido, haciendo honor a lo que presumiblemente había pensado yo que podría llegar el monólogo del señor conductor.
Porque los taxistas siempre que pueden dirigen la conversación al terreno resbaladizo de la política, sabiendo que los y las jóvenes personas que cogemos el taxi somos seguramente de pensamiento o ideología antagónica a la de ellos. Cuando menos intentan poner la emisora de radio Cope, para que a ver si éstos jóvenes progresistas de hoy en día escuchan algo sensato de una vez por todas. Ésta cadena subvencionada por la Iglesia y con sentido contenido y locutores basados en intentar convencerse a si mismos y a los demás de que el capitalismo y la antigua forma de pensar antidemocrática era en realidad y es aquella que puede aportar sentido común, si cabe, a nuestra perdida sociedad en manos de un presidente y un gobierno de rojos masónicos comunistas que arrebataron el poder a la derecha a base de mentiras y un sospechoso periodo electoral.
La tristeza en el bolsillo, esperando a que la pena cuando pueda baile conmigo.
Sin un atisbo de esperanza, siempre sin un poco de suerte.
Como el taxista pudo contemplar nuestras caras espantadas a base de comentarios, muy respetuosos al tratarnos de usted, pero avasalladoramente derechistas de ideas, decidió sutilmente comentarnos la siempre solvente temática de la temperatura de la noche.
Que hacía frío, que ya tocaba, ya que era precisamente esa noche el solsticio de invierno. Que en Cerdanyola, no obstante, hacía 4 grados menos de temperatura, y que en Barcelona podíamos dar gracias.
Es cierto que los árboles caducos de la ciudad han retrasado su costumbre de desprenderse de sus hojas dos meses más de lo habitual, y rezagando asimismo la grandeza de poder aplastar y escuchar el ruido típico apoteósico que componen sus hojas de pan al pisarlas en el suelo gris y cuadriculado de la ciudad.
El taxista desconocía no obstante que una de las mujeres que optaban aquella noche a mi congratulación sentimental era de Cerdanyola, y yo podía haber pensado y a mí qué me importa la temperatura que haga allí. Pero sí podía servirme para el futuro cercano encuentro que posiblemente sobrevendría ante mí en unas pocas horas.
Llegamos a la discoteca renombrada por mi sagaz amiga como "Dejabugo", salimos escopeteadas y asustadas de aquel taxi, con tal mordaz personaje, que no obstante conocía a la perfección la dirección de los lugares de ambiente gay y afters, como suelen saberlo todos los taxistas por su beneficio profesional.
El portero me recordó de la última noche que fui, ya que intentamos timarlo de manera que le llevamos varias veces flyers publicitarios del lugar que se podían canjear por bebidas gratuitas, cuando solamente era posible hacer eso una vez por persona y noche. También luego me ofrecí por si necesitaban allí alguna camarera o dj en futuras ocasiones.
Así parece ser que le caí en gracia y me saludó simpáticamente, y me enseñó el libro que decía que leía en su puesto de trabajo, "La interpretación de los sueños II" de Freud.
Fue un tanto sensacional ver que aquel ser condenado a la espera pudiera aprovechar el tiempo en tan enigmática lectura. También condicionó una subliminal sonrisa en mis labios al pensar que esa podía ser una más de las señales del destino. Me adentré con mi amiga en el bar aconsejándole al consumido lector que era mejor la teoría de Edipo a mi parecer, ya que me parecía algo absurdo que todos los sueños estén relacionados de alguna u otra forma con el sexo. Pero al fin y al cabo puede ser sorprendente que el señor Freud se adelantara tanto a los acontecimientos de ésta nueva y cocalizada sociedad, en la que puede que lo que antes hacíamos por amor ahora lo hagamos por dinero. Pero quizás la gente desee poseer dinero para poder conseguir ese mal llamado amor, y simple animal necesidad de sexo. La estabilidad económica te da la posibilidad de consumir y da también la facilidad de poseer un lugar donde dormir, algo que comer y de vestir. Quizás si tienes más alcance puedas mejorar tu aspecto gracias a que la ropa que te has podido comprar te sienta mejor, porqué tiene más diseño, mejor corte y tallaje, y así te proporcione una mejor disponibilidad de futuros contactos sentimentales.
Una persona bien arreglada puede ocasionar una sensación más favorable en aquellas personas que la vean, y así permitir o facilitar una comulgación de almas.
Puede ser todo una mentira bien adornada.
No cambiaría jamás mi universo informal, donde crecen las semillas de lo absurdo y lo genial.
Sólo asusta escuchar los relojes en la oscuridad.
Dentro del local empezamos a beber aprovechando el dos por uno que ofrecen en las primeras horas de la noche. Espero a alguien que no quiera dormir conmigo por las noches y por el día no quiera vivir.
Mi sensación de ausencia de corazón, quiero besar tu dulce cuello y verte desfallecer, esperando que regreses antes del amanecer.
Pero a tu lado los silencios son intensos, el vacío de poder, encontrándome con alguien que no quiere soñar. Que retiene y previene el devenir, por no saltar, por no morir al caer, por miedo al dolor del frío del suelo en el tibio rostro.
Mirando la barra y a través del espejo veo entrar la vampiro de sueños y futura comisionista.
Los ojos no se abren por temor a compartir la soledad, los labios resbalan sin coraje, las máscaras de mutismo tapan los sentidos abatidos a tiro limpio por el destino cautivo en decisiones irrevocables. Todo parece tan absurdo y efímero. Un año no es nada, después de tanto tiempo sin sentir.
Los párpados abanican el alma, la piel tirita de miedo, los dedos se alargan hasta mi cuerpo. Las palabras descubren el menosprecio por algo que en otro momento hubiera sido o pueda ser tangible.
Tiempo al tiempo.
La sangre latiendo en los labios, la ausencia de perdición limitada por saber que acaba todo, sabiendo cual será exactamente el momento final. El día que acabe el año todo acabará. Ya queda menos para enterrar la felicidad.
Día 25. Navidad. Sutilezas de grandezas electrizan el lugar.
Los ojos itinerantes surcan la oscuridad en busca de tu mirada, perdida en algún lugar.
Apareces sin rumbo golpeándome al pasar, de rebote me saludas, como si fuese una figura de tu árbol de navidad.
Tu eres la guirnalda que alegra mis ramas secas y enredadas en la sensación de sentir clemencia de las circunstancias. La existencia sin sentido dentro del orden establecido.
No quedan palabras que lo puedan describir, solo quedo yo sola como siempre escribiendo este sinfín de anécdotas que dan fe de todo lo sabido y consumido en ésta vida, fe de erratas común.
Las personas se las lleva el viento y la casualidad.
Allí en el bar del dejavú, intentado interpretar mis sueños, acomplejada por intentar encontrar un sentimiento parecido al que surge en la relación de mis progenitores, que después de tanto tiempo siguen besándose.
Hay personas que tienen la suerte de encontrar alguien con quien compartir su vida, pero quizás éste no sea el momento adecuado de volver a empezar.
Si se te lleva el tiempo.
Si me quedo como siempre acabando lo que empiezo.
No seré yo quien contradiga al destino, porqué más de una vez lo he pretendido, pero no lo he conseguido, si tiene que ser así, así será. Sayorana baby.
Estupefacta y atónita ante tanta surrealidad.
Cuando empieza el contacto, se deciden por cambiar de bar. Tras los tequilas que tocan por celebrar la navidad ausente de la amistad, viene el momento de correr tras la necesidad de embaucar el corazón con otro montón más de inertes impresiones que crean magia verde y gris que se disipará. La muerte en vida de el afecto que no puede ser, aunque será. Eso pensamos todas. Por pensar que solo es un juego y acabar tirada en el suelo. El miedo al cielo. Reprimirme ya no es una opción.
Las camisas a rayas y su conciencia.
La mujer que intenta entender el mundo y su hipocresía, sabiendo de antemano, que todo tiene un único hilo conductor, el placer sexual.
Mis dedos se están empezando a congelar tecleando sin parar.
Mañana hay que comer más que ésta noche, para luego no saber qué hacer.
Esperando impaciente con deleite una iniciativa de la ajena a la realidad.
Camino hacia mi casa como hace tres noches vengo repitiendo. Tu y tu coche en la Diagonal. Yo y mi existencia en la calle que lleva a mi cama.
Analizar tanto el contexto vital no creo que sea lo más saludable, pero es lo que me queda de ti ésta noche, es lo que hay.
Ver que todo sigue igual. Que la escalera sigue abierta y vacía. Y cielo esperará.
Demasiada paciencia y tranquilidad.
Un poco de amor señor, sopa de amor camarero, que me muero.
Dicen que hay una forma de parar el tiempo pero la desconozco.
Dicen que hay una forma de evitar romper los sueños, pero no la domino.
Nacer y vivir sin saber, queriendo saber, qué pasará. Qué más dará, si tu sientes y yo siento en éste preciso momento. Ya me sirve para escribir un libro y dibujar el resto.
Tres de tres. Dos y seis.
Tu tienes aquello que no tengo, yo tengo lo que te falta. Pero no es el momento, y sobran las palabras.
No pienso romper el silencio, no quiero ahogar el sentimiento en impotencia, solo quiero sentir y latir a diestro y siniestro.
Desconozco qué y quién me espera, quien me busca, quien me acecha. Desconozco todo menos la soledad, mi armadura celestial contra el mar de ausencia de amores.
Mi remedio casero es volver a empezar. Escribir el final y describir qué no quiero, para quizás poder saber qué quiero. No quiero viajar, sólo placer, ya que no creo que encuentre por ahí fuera lo que puedo encontrar aquí. Se que no eres lo que necesito, pero eres lo que quiero, vuelvo a repetir. Estés donde estés.
No quiero desprenderme de ésta sensatez que de pronto ha invadido mi corazón.
No quiero deshacerme de ti, ni dañarte, ni olvidarte. Solo quiero caminar tranquila, darte un poco de cariño que endulce tu partida.
Me encontré con aquella mujer de Cerdanyola, y me dijo que no había tenido tiempo, yo le sorprendí comentándole que en su población hacía más frío. Ella preguntó que cómo lo sabía, y yo le dije que me lo había dicho el taxista.
Ella me dijo que estaba un poco descontrolada con la bebida, ya que no llevaba coche esa noche, que era la costumbre, que ella era muy responsable y no bebía sino. Así yo asumí que esperaba mi regreso con un beso, y volví, pero quizás tanto alcohol melló en su sistema nervioso y no supo esperar lo que tardé en volver y en otros labios, quizás menos ambiciosos, cayó.
Mi reacción infantil fue volverme hacia la ausente y acabar aquella semana de espera.
Resultó que esos labios eran suaves, que esos besos eran miel satinada, que esa ternura era especial y confinaron mi saber y consciencia a seguir en sus redes durante el resto de la velada.
Casuística. Inspirar de nuevo otra revolución. El tiempo ajeno de nadie, sin poder elegir, te marca la identidad, la conducta suicida inevitable, ignorando nuestra voluntad, se impone la desilusión. A fuerza de vivir se aprende a resistir.




16.12.06

Colarse en el metro adelgaza.

Colarse en el metro adelgaza.

Sí, me lo dijo mi amiga Laia, que su novia le precisó que si iba de Barcelona a Terrassa sin billete válido, con una T-10 del área metropolitana de sólo Barcelona, pues que le cogía como una ansiedad angustiosa, le arrebataba la adrenalina, y al salir del tren viendo como se había escabullido de los picadores de billetes por un vagón, pues tenía un tipo de sensación espitosa de no parar y acelerarse hasta ponerse tan estupenda como las ardillas de Edimburgo que vienen a comer de tu mano en los bancos depositados a lo largo y ancho de sus interminables parques de césped y árboles.
Correr no te sacia, el orgasmo en esos momentos no es exactamente lo que te pide el cuerpo, no tienes hambre, pero podrías luchar contra los titanes de Gea.
Yo cada día me cuelo en el metro, paso por debajo de los torniquetes, o los salto, o si tengo suerte lanzo el bolso por las vallas de salida y desbloqueo el imán que las protege de salvajes usurpadores. La que ordena la música en el almacén está de guardia, vigilándome, acechándome, se marcha deprisa, como quien va detrás de un último mensaje de esperanza. ¿Porqué realmente vale la pena perder el tiempo?.
Sólo quiero escuchar a las mariachis en mi entierro "quiero sobrevivir", quiero sentir una vez en la vida, que alguien siente por mi algo puro y verdadero. Y no se valen hombres, ni familia, ni primas, ni primos hermanos. Que más raro sería otras cosas que me han pasado.
Esta noche he llegado a mi casa, en la otra punta del extrarradio de las barcelonas del siglo veintiuno. Una mujer a una nariz pegada, dos Smint, ningún beso, una mujer rara que me empotraba contra la pared en busca de mis labios, presumiendo de edad sin saber que yo tengo prácticamente la suya. Es un suponer ésta existencia.
Inventar un deporte que consiste en que varias personas se dispongan a lo largo de la playa de la Barceloneta, y distribuyan el mar entre cinco líneas que construyan un simulado pentagrama musical. Cada una tira una manzana de un color y tipología distinta, verde, roja, amarilla limonera, Fuji, etc. Entonces los jugadores tiran las manzanas que tintan el agua allá donde caen, de éste modo se dispone una continuidad de notas a la altura de cada línea del pentagrama que las manzanas hayan designado, así se comulgan y crean una melodía posible que se compondría y vendería en CD's, o en politonos para el móvil, para recaudar fondos para el futuro viaje de fin de carrera.
No queda tanto para el año que viene. Quince días.
La gente te pregunta que qué vas a hacer en Fin de año, y no se si decirles que lo mismo de siempre, o proponerles una posible orgía tipo el final de El Perfume.
Si no suena la campana, les diré que estaré sola tirando calderos de agua por la ventana, para tirar de mi todo lo malo del año que pasa, desde el kilómetro cero, no cantan los Smashing Pumpkins, pero dejé allí mis esperanzas malditas y mis sueños.
Tan emperrada estás en esa mujer me dijo una voz lejana pero cercana, tan perdida en ella que vives sin vivir en ti. Las ilusiones me matan, que me rompan la noche y la mañana. Si viniste para nada, si te fuiste como si nada, si huele a azufre tu mirada, si te vas, si me clavas tus estacas de perdición desconsolada, si detienes el tiempo en cada esquina, por recordar los besos que tanto anhelaste aquel día cayéndonos silvestres por la avenida de las américas. Mi calle de allí es tu calle aunque esté el nombre de mi hermana de sangre junto al mio. Si mis besos resultan tíbios en tu sentir, si prefieres herir que sembrar, si no te merece la pena perder el tiempo en algo que no sea en ti, pues prefiero seguir cazando mariposas los días de lluvia por mi ciudad. Porqué es tan mía como tuya, lejana igual que de ti, conocida y caminada una y otra vez, descubierta y redescubierta cada amanecer. Escuchando el repicar de los andares de los y las que anduvieron por allí. Calzando tus botas de siete leguas no puedo respirar porqué me ahoga la niebla al caminar. A veces doy los gritos de dos en dos, porqué no me queda tiempo para más. A veces me giro y ya no estás.
Y sigo sola al caminar una y otra vez, el ir y venir, por esta ciudad.
Los mismos ojos, las mismas miradas, los labios tersos, las bocas selladas. Los pies quietos y los corazones titubeando entre las dudas de la ansiedad de querer ser querido como tu quieres que te quieran.
Sin ruidos, con educación, sin rebuznos, sin toser, sin alaridos de grandeza, sin ser mejor que nadie, honestidad, humildad, humanidad y constancia, las máximas de las relaciones públicas. Ahí estaré buscando la filosofía de la vida, que es mi vida, tu vida, y la de cualquier Tuareq.
El mundo discrimina. La vida es una elección continua de seguir o cambiar, de arriesgar perderlo todo cuando no tienes nada, en realidad. El miedo al fracaso, a llorar la existencia difuminada entre las burlas de lo ajeno.
Ojos del ayer olvidado, labios del ayer afligido, por esperar nada a cambio de haber subido la escalera para tocar el cielo.
Pestañas batientes, titubeantes, todo el mundo a sus puestos que empieza la batalla de la navidad.
Tener o no tener. Poseer o no poseer. No quiero nada más que la felicidad eterna.
No quiero morir, quiero vivir y sentir complacencia. Quiero que me llamen al teléfono desde un número privado y me vendan un seguro para mi y otra persona que viva conmigo. Confirmarle al vendedor que es otra mujer, confirmarle a mi vida que no
volverá a padecer el frío intenso de la salvedad de creerse inconmensurable.
Repetir lo mejor que has oído, escuchar al oído como cantan las ranas debajo del puente mientras pasa un tendero y dicen, "¡qué vida tan cara me vuelvo a la charca!".
Es que una camiseta vale 20 euros, unos pantalones 30, comer un mes de marcas blancas 50 euros, pagar la hipoteca, el seguro, las facturas de la luz, el agua, el gas, Internet, etc.
Viene la vecina inmigrante poseedora de un Badulake y te pregunta para que le asesores como robar línea de Internet a los vecinos.
Nunca fueron buenas segundas partes, menos "Terminator 2".
Seguir soplando velas, seguir comiendo uvas, seguir besando labios sin saber cuando se acabará la condena.
Me gusta leer y escribir, me gusta disfrutar de la gente altruista y optimista, porqué es mi estilo pensar que todo mejora, que nada es imposible y que hay que vivir en busca de la velocidad cada día.
Reencontrar caras desconocidas.
Devolver los libros de la Biblioteca.
Recoger la casa y poner las cosas en su sitio para el buen Feng Shui.
Si buscas no encuentras, si ofreces la vida a cambio de nada no vale la pena para nadie más que para ti.
El silencio apremia. La distancia se alarga con la in insistencia de seguir, volver o redimir.
Nada es mejor que nada. Las mismas calles, los mismos rincones, la misma vida entera.
Reconstruir las murallas caídas por la tormenta.
Desinmiscuir la respuesta a la eternidad.
¿A caso no me merezco que alguien me quiera hacer feliz?.Discreción a discreción.
Comprar no te hace feliz, reutiliza todo lo que tengas, no tires tantas cosas, cámbiaselas o dáselas a alguien que las pueda necesitar.
Piensa en los demás y pensarás en ti.
Cuélate en el metro y en todos los sitios que puedas, que debería ser todo gratis.
Roba, esconde y trajínate a los centros comerciales.
Si los pisos no son tan caros, si no es eso, si es que los sueldos son tan bajos, si no suben realmente desde hace 5 años.
Por un sueldo digno.
Por la jornada intensiva con descansos.
Por ir sentada siempre.
Por mirar y observar como nadie tiene que madrugar.
Que nadie se compre un coche, ni se saque el carne, que vaya andando o en bici.
Que nadie compre lo que sale en la tele ni en las revistas.
Que un día nadie pague.
Que la música y las películas sean gratis, que Internet sea gratis, que la tele sea gratis, que la vida sea gratis.
Que reduzcan la jornada laboral a 6 horas.
Que las mujeres cobren el doble.
Que las mujeres gobiernen y manden en las empresas.
Que destruyan todas las compresas con alas tanga.
Que desparezcan los tanga.
Que vuelvan las luciérnagas a cantar mi serenata preferida: que viene el negro...tum, tum, tum... que viene.
Porque nada tiene precio, ni siquiera tu tiempo, ni tus desprecios sin precio.